Sentado delante de su escritorio, Miguel miraba a través
del calado de las cortinas cómo la vecina tendía con mimo sus sujetadores en el
balcón. Eran tan sólo cinco minutos de contemplación pero ya se
pasaría el resto de la tarde ensoñándola sobre el papel.
Para poder escribir necesitaba estar enamorado y esta vez su musa había sobrevenido en forma de vecina del apartamento contiguo. Sus movimientos eran armoniosos, casi musicales. Sus manos, pequeñas y delicadas, agarraban con la misma gracia los encajes de su ropa interior que prendían en las cuerdas las pinzas de madera.
Para poder escribir necesitaba estar enamorado y esta vez su musa había sobrevenido en forma de vecina del apartamento contiguo. Sus movimientos eran armoniosos, casi musicales. Sus manos, pequeñas y delicadas, agarraban con la misma gracia los encajes de su ropa interior que prendían en las cuerdas las pinzas de madera.
Miguel se miró su propia mano, tan grande y a la
vez incapaz de abarcar por completo aquellos dos pechos perfectos. El brazo que le faltaba se
estremeció de placer soñando la tibieza de su tacto y por fin la idea que
necesitaba aterrizó en su cabeza como por arte de magia: en el capítulo 34, que se emitiría la semana siguiente, la asesina estrangularía al magnate del petróleo con una enagua de
seda. Así de fácil. Tenía tanto en común con Cervantes...

Poníase amargo día
ResponderSuprimirDe compostura quebrada
Viento y piedras herían
Las lágrimas de la cara.
Maldita flecha enemiga
Que cortaste acerada
Del mas valiente soldado
Que en batallas caminara.
Manco y solo permanece
Sus ojos buscan la nada
Y sentado en su escritorio
No imagina más batallas
Que las de sutiles prendas
De mujer enamorada...
Quisiera tener sus manos
Entre las suyas trenzadas
Y mientras se recompone
Su imaginación temprana
Le da vueltas la cabeza
A esas vivencias preciadas
Ay, quién fuera manco y tuviese
A mano ese tendedero
De delicados ropajes
Y de páginas en blanco...
Enric, qué regalo me has dejado en mi blog. ¡Qué calidad! Un beso y mil gracias,
SuprimirLas mujeres son siempre una fuente de inspiracion...
ResponderSuprimirUn abrazo, amiga
A mí siempre me inspiran :-)
SuprimirUn beso,
Ya no sé a quién comentar, a ti o Enric. Me ha calado hondo ese texto novelesco entre cortinas caladas y las miradas. Lo que hay que tener para mezclar así las palabras.
ResponderSuprimirun abrazo.
Marcelo, muchísimas gracias por dejarte caer por mi blog.
SuprimirBesos,
Ya no sé a quien comentar, a Enric o a ti. Me ha inspirado tu novelesco texto, entre cortinas caladas y las miradas. . .. .. Qué hay que tener para mezclar así las palabras.
ResponderSuprimirun abrazo.
Es de esas pocas veces en que uno desea que la ropa de ella, tendida en el patio, se seque muy lentamente...
ResponderSuprimirSabía que esta entrada te iba a gustar, Manuel...
SuprimirFascinante história Alice y espectacular Enric.
ResponderSuprimirUn abrazo a los dos.
Enric se ha salido.
SuprimirUn beso,
¿Un brazo inexistente puede temblar?
ResponderSuprimir¿Los pechos que yo conozco son inperfectos: uno más grande o ladeados o abiertos o cerrados.
Ay, Anónimo. Tú mejor que nadie deberías saber que el papel lo aguanta todo. Creí que te gustaba mi imaginación...
SuprimirUn beso y gracias por buscarme :-)
Vaya, yo necesito una de esas. Una inspiración, me refiero... ;)
ResponderSuprimirBesos.
No tienes una musa cerca, Juanjo? Estoy segura de que sí :-)
SuprimirUn beso,
Ah! Las musas... motor de la inspiración!
ResponderSuprimirMotor? Ummm... buena metáfora!
SuprimirUn beso,
Momentazo Vouyer!!!!! enmascarado con musas y mancos cervantinos ¡¡¡¡ GENIAL !!!!!!
ResponderSuprimirAnónimo, sabía que te iba a gustar. Es un relato muy de tu estilo... :-)
SuprimirBesitos,
Si uno o una se pone a asesinar, al menos que sea con estilo... ;-)
ResponderSuprimirClavaditos!!
ResponderSuprimirOye gracias por lo de la pestaña que la mía es nuevita y moderna y me estaba volviendo loquita para quitar la palabreja
Un besote corazón